O Cebreiro Lugar de interés


Palloza en O Cebreiro, en el municipio de Piedrafita del Cebrero. El parque etnográfico de esta población, primera etapa en suelo gallego del Camino de Santiago Francés, cuenta con varios ejemplos restaurados de la tradicional palloza, edificaciones característica de la cultura prerromana que todavía se conserva en otros numerosos puntos de la región natural de Los Ancares.El Cebrero, son testimonio de un poblamiento anterior a los romanos. Algunas de ellas han sido recuperadas para acoer un Museo Etnográfico y un refugio de peregrinos.El Puerto de Piedradita era cruzado por la vía romana que por Triacastela conducía a Astorga, en el interior de la Galicia antigua. Más tarde, esa vía dio paso a al caminos medieval que llevaba a Camino de Santiago y a un Camino Real.La importancia religiosa de este paso fue reforzada por el legendario milagro del Santo Grial, ocurrido en El Cebrero, desde entonces paso obligado de los peregrinos jacobeos. En 1486 los Reyes Católicos, de peregrinaje a Santiago, se detienen en el monasterio de El Cebrero y donan el relicario donde se guardan las reliquias del milagro. El antiguo cáliz románico del monasterio figura en el escudo de Galicia.El paso también tuvo gran importancia en la Guerra de la Independencia, debido a su posición estratégica entre León y Galicia. En el 1809 fue usado por las tropas del general escocés John Moore, en su retirada hacia La Coruña, perseguido por los franceses; varios centenares de británicos perdieron la vida debido a los rigores de ese invierno. En ese periodo, las reliquias de O Cebreiro estuvieron escondidas en el pueblo de Foxos, pero los documentos del monasterio fueron destruidos.El hecho que dio fama europea a esta localidad fue el famoso Milagro de la Eucaristía, o Leyenda del Santo Grial de Galicia. Por el año 1300 un hombre, Juan Santín, que vivía en un pueblo que distaba media legua de la iglesia de O Cebreiro, la aldea de Barxamaior, era tan devoto que no cesaba de ir a misa por la lluvia, el viento o el frío. Un día se desató una furiosa tormenta y el sacerdote de la Iglesia pensó que ningún fiel acudiría y por entrar solamente este fiel, para burlarse de él exclamó "¡Cuál viene este otro con una grande tempestad y tan fatigado a ver un poco de pan y de vino!" y dijo que su presencia "no había merecido la pena". Dios, entonces, para castigar la falta de fe y caridad del cura, cuando estaba consagrando el pan y el vino, realizó el milagro de convertir la hostia y el vino en carne y sangre. 

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